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Artículo: Memorias sobre la Vanidad

Memorias sobre la Vanidad

Memorias sobre la Vanidad

Milán me recibió en invierno. Las calles estaban húmedas, los tranvías atravesaban la ciudad con un sonido metálico constante y las personas caminaban rápido, cubiertas por abrigos oscuros, como si ya conocieran perfectamente el ritmo silencioso de la ciudad. Yo venía de Bogotá, de otro frío, de otra niebla, de otra forma de melancolía. Había llegado para estudiar moda, después de años imaginando lo que significaba estar en una ciudad donde el diseño, el arte y la historia parecían respirar en cada esquina. Pensé que al llegar sentiría certeza, emoción permanente, algún tipo de confirmación. Pero ocurrió lo contrario.

Mientras más me acercaba a ese mundo que había idealizado durante tanto tiempo, más aparecía una sensación incómoda que no sabía explicar. Todo era hermoso: las escuelas, las colecciones, las vitrinas impecables, las conversaciones sobre lujo, artesanía y creatividad. Sin embargo, detrás de toda esa belleza, empecé a sentir un vacío difícil de ignorar. Me preguntaba constantemente cuál era el propósito real de todo aquello. Para qué crear más objetos, más imágenes, más ropa, si al final todos terminamos enfrentándonos a lo mismo: el tiempo, el desgaste, la desaparición.

Esa sensación comenzó a acompañarme todos los días. Entonces empecé a caminar la ciudad sin buscar nada específico. Entraba a iglesias antiguas, recorría museos durante horas y observaba pinturas donde aparecían flores marchitas, cuerpos inmóviles, relojes detenidos y naturalezas muertas construidas siglos atrás por artistas obsesionados con la fragilidad de la vida. Fue ahí donde me encontré con el concepto de vanitas. No como una referencia estética inmediata, sino como una idea profundamente humana: la necesidad de recordarnos constantemente que todo termina y, al mismo tiempo, el deseo desesperado de dejar algo antes de desaparecer.

Entendí que esa tensión también estaba ocurriendo dentro de mí. Yo había llegado a Milán buscando crecimiento, pero terminé enfrentándome a preguntas mucho más personales. La colección comenzó a surgir desde ese punto de quiebre emocional, desde la sensación de no encontrar sentido en aquello que más había deseado hacer. Y, paradójicamente, fue precisamente crear esta colección lo que empezó a devolverme ese sentido.

Milán no se convirtió en inspiración de una forma superficial. No fue la fantasía romántica de “encontrar ideas” en Europa. Lo que realmente ocurrió fue que la ciudad reforzó mi amor por el arte y el diseño. Me recordó por qué las personas han sentido durante siglos la necesidad de crear imágenes, objetos y prendas incluso sabiendo que todo es temporal. En medio de esa ciudad construida sobre historia, belleza y memoria, volví a sentir la importancia emocional de crear.

Y aun estando tan lejos, Bogotá nunca desapareció de la colección. De hecho, empezó a hacerse más presente. Encontraba similitudes entre ambas ciudades, no necesariamente visuales, sino emocionales. Bogotá también tiene una melancolía particular: sus cielos grises, la neblina sobre las montañas, el concreto húmedo, la sensación de belleza atravesada por desgaste y contradicción. Entendí que seguía diseñando desde mi identidad bogotana y latinoamericana, incluso mientras trabajaba en Milán.

A partir de ahí, VANITAS comenzó a tomar forma. La colección se convirtió en una reinterpretación personal del concepto clásico, anclada completamente a mi experiencia emocional. Paralelamente desarrollé una investigación textil mucho más profunda para la marca. Trabajé con lanas merino, exploré manipulaciones textiles, jacquards y nuevas fibras que me permitieron construir superficies más complejas y sensibles. Cada material empezó a funcionar como una extensión del concepto: tejidos erosionados, capas que parecían conservar memoria, prendas construidas como rastros emocionales.

Por primera vez sentí que la técnica y la emoción estaban ocurriendo al mismo tiempo. Ya no estaba diseñando únicamente desde la imagen o la silueta, sino desde una necesidad más íntima de encontrar significado a través del proceso creativo. VANITAS terminó convirtiéndose en eso: un registro de un momento de transformación personal, una colección nacida del cuestionamiento, pero también de la necesidad de reconciliarme con el acto de crear.

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